En este artículo intentamos aclarar algunos conceptos acerca de una consulta que se suele hacer una persona emprendedora. ¿Monto mi negocio sólo o en compañía?

Intentaremos argumentar los pros y los contras de la opción de arrancar una start-up en compañía.

A priori, aparentemente, se podría pensar que emprender un negocio en compañía puede ayudarnos a compartir riesgos o a complementar ideas y ver otras perspectivas.

Pero hay estudios, como por ejemplo el de Noam Wasserman en su libro “los dilemas del fundador” en los que se analizan los datos de éxito o fracaso y se comprueba que aproximadamente el 40% de las start-up tienen entre sus fundadores amigos, conocidos u otros. Y que, además, y este es el dato estremecedor que cuando se incluye a un amigo en el proyecto tiene una posibilidad de fracasar un 28,6 % más que si no lo tuviera.

Además, en dicho estudio se comprueba que no es lo mismo “amigo” que “compañero de trabajo” de tal manera que las start-up iniciadas por “compañeros de trabajo” sin embargo se demostraban más fuertes.

¿A qué es debido este fenómeno? Cuando se analiza arrancar un nuevo proyecto de emprendimiento debemos analizar a nuestros socios tanto como al resto de factores que intervienen en el mismo como clientes, propuesta de valor o fuentes de ingresos.

Hay que entender qué valores son los que tienen nuestros socios y amigos. ¿Son realmente los mismos que los míos?, ¿tienen las mismas metas?, ¿la misma visión de trabajo?, ¿el mismo nivel de sacrificio? Puede ocurrir que vayamos respondiendo qué sí o qué no, pero ambas respuestas nos harán conocer mejor a nuestros socios de viaje.

Dicen que “cuatro ojos ven más que dos”. Hasta cierto punto es interesante que los conocimientos y las experiencias de más personas ayuden a ver situaciones que por uno solo no las hubiésemos pensado. Pero cuidado, podría ser lo contrario. Si algo caracteriza a una start-up es su carácter “aventurero”. Eso de primero salta y luego aprende del error, es propio de los pivotes de start-up… Estar con varios socios puede llevarnos a situaciones de anclaje por exceso de miedo. Eso también habrá que saber gestionarlo.

1

Emprender de forma individual no necesariamente conlleva hacerlo en solitario. Eso sí, podremos optar por tener “colaboradores”, “socios claves (Metodología CANVAS)” o figuras similares. Es una opción.

Pero, a veces, se nos presenta la posibilidad, la oportunidad o el “inconveniente” de hacerlo en colectividad, bien porque necesitemos de socios, bien porque me necesiten como socio.

Habría que entender que estas sociedades se establecerán jurídicamente en muchos casos en forma de Sociedades Limitadas, Sociedades Cooperativas, Sociedades Civiles, etc.

Lo importante es que sepamos las características jurídicas y que conozcamos sus pros y sus contras.

Tipos de socios

  • Familiares. Es habitual que compañías en sociedad comiencen siendo entre familiares. Padres, hermanos, primos, hijos, cónyuges, etc.

Una opción casi insalvable cuando se trata de empresas “heredadas” en forma de sucesión empresarial. Una de las ventajas es la posible sintonía con los socios, así como el contacto casi permanente con ellos, tanto en el tiempo como físicamente. Por el contrario, hay temas que si no se planifican o se plantean desde un principio pueden llevar al traste y no solo el negocio, sino la relación con un familiar. Hay doble riesgo para que nos entendamos.

  • Amigos. Suele ser considerada otra opción, aunque quizá la menos recomendable. Al amigo puede que lo conozcamos fuera del ámbito empresarial y/o laboral pero las aptitudes emprendedoras, de asunción de riesgos, de estrés, de gestión de riesgos puede que nos aflore a otra persona distinta a la que conocimos como amigo.  No se debe ofrecer la posibilidad de entrar en el negocio a un amigo como moneda de cambio para mantener esa amistad o reforzarla, se debe entender al revés. Es decir, de entre mis amigos, hay uno que encaja con el perfil que necesito como socio, y si lo acepta puede ser interesante para la puesta en marcha de mi (nuestra) start-up.
  • Interesados. Dentro de esta categoría estarían aquellos que quieren ser inversores por interés fundamentalmente de capital, aunque a veces este interés está en que son empresarios de sectores paralelos o que podrían verse beneficiados del arranque de nuestra compañía. En este caso se deben dejar claros los intereses de todos los socios al margen de nuestra start-up, para así entenderlos y poder aportar valor a dichos intereses si se estima oportuno el arranque de dicho emprendimiento.
  • Desconocidos. A veces nos encontramos con que la opción de socios desconocidos es planteable. Algo así como “se necesita socio para start-up”. Probablemente sea una de las mejores opciones, dado que si lo hacemos bien lo plantearemos desde un perfil necesario para la puesta en marcha de mi start-up. Lo necesitaremos, pero cuidado un socio “experto” es difícil de definir. La razón es la siguiente. Hay socios expertos en … ¿iniciar startups?, ¿en negocios que han fracasado?, ¿en negocios que han triunfado? Esta última opción que parece interesante puede llevarnos a otra pregunta. Si han triunfado, ¿qué buscan realmente en mi compañía? Hay que preguntarse también si la experiencia obtenida la han sacado de proyectos personales o también en compañía.
  • Compañeros de trabajo. Es una opción. Conocer la capacidad de sacrificio, la disciplina, el orden o capacidad de planificar de alguien puede ser muy útil a la hora de emprender un negocio. Además, tiene la ventaja de no ser un desconocido, no ser un amigo, ni tener intereses claros en nuestro negocio. Pero cuidado, tampoco somos nosotros mismos y a veces pueden tener cualidades parecidas a las mías. Ello puede llevarnos a pensar que no es indispensable.

No es fácil ¿verdad?