Dado el hecho de que algunos laboratorios alrededor del mundo pueden fabricar tejidos y órganos humanos, ¿podrían producir productos animales, como cuero o carne? ¿Es una locura? Puede que no. Lo que sí parece una locura es lo que hacemos hoy: matar animales para fabricar estos productos.

Actualmente, hay una cabaña mundial de 60.000 millones de animales para satisfacer las necesidades de una población global de 7.000 millones de personas. En las próximas décadas, en torno al 2050, se calcula que se necesitará una cabaña total de 100.000 millones de animales para satisfacer las necesidades de la población, que se estima en 10.000 millones de personas.

Los animales no sólo son materia prima. Son seres vivos. Usan tierra, agua potable, y son la principal fuente de emisión de gases invernadero que provocan al cambio climático. Cuando muchos animales son criados muy juntos, se convierten en caldo de cultivo para enfermedades y prácticas ganaderas abusivas. Este modelo conduce a problemas de salud pública, seguridad alimentaria e impacto medioambiental.

Nos obstante, dado que los productos animales son colecciones de tejidos, hay una alternativa: en vez de criar animales complejos para obtener sus tejidos, podemos cultivar lo que conforma los tejidos, la célula.

Las células pueden ser usadas para crear productos orgánicos, como tejidos y órganos. La biotecnología ya ha ensayado con partes sofisticadas del cuerpo humano, como orejas, tráqueas, piel o huesos, que han sido exitosamente implantados en pacientes.

Más allá de la medicina, la biofabricación puede significar una nueva industria escalable, humana y sostenible. Podemos empezar reinventando el cuero. Producir cuero es más fácil que otros productos, como órganos o chuletas. El cuero sólo usa un tipo de célula y es en gran medida bidimensional. Además, es menos polémico entre consumidores y reguladores. Parece más fácil que los consumidores lleven nuevos materiales de cuero, que ingieran nuevos productos animales biofabricados. Parece que el cuero es la puerta de entrada de la industria de la biofabricación. Si esta industria del cuero triunfa, otros productos irán detrás, como la carne.

Para crear cuero, sólo necesitamos aislar células de un animal a través de una simple biopsia: el animal puede ser una vaca, un cordero o algo más exótico. Esta técnica no daña al animal, que puede vivir una feliz vida. Luego, las células son cultivadas y reproducidas en miles de millones. Esas células son más adelante cocinadas para producir colágeno, la materia que mantiene las células unidas. Se fabrican así diferentes capas de células y colágeno, hasta crear capas de grosor variable que se ponen a madurar.

Más tarde, estas capas son manipuladas a través de un proceso más corto y menos químico para producir un cuero sin picaduras de insectos, sin cicatrices, sin pelos, y sin desperdicio, ya que puede tener la forma que se desee, como un bolso, un asiento de coche o un monedero, ya que no estamos limitados a la forma irregular de un animal. Incluso sus propiedades, tales como transparencia, color textura, patrón elasticidad o durabilidad, pueden ser controladas.

Con la consolidación de la industria de la biofabricación, ¿que nos deparará el futuro?

Ya hemos trabajado con cultura de células durante milenios, con productos como el vino, la cerveza o el yogur. Una fábrica de cerveza es básicamente un biorreactor, ya que es donde tiene lugar la biocultura. Solo que, en vez de cerveza, podemos cultivar carne. Las nuevas biofábricas podrán ser sitios abiertos, limpios y educativos, muy lejos de los actuales lugares de producción del cuero o la carne.

Puede que la biofabricación sea la evolución natural de la civilización, ya que es medioambientalmente responsable, eficiente y humana. Debemos dejar atrás la matanza de animales como recurso y dirigirnos hacia una economía más humana y evolucionada.

Quizás ya estemos preparados para una sociedad, literal y figurativamente, más cultivada.