El rechazo generalizado entre los conservadores al último intento de salvar su plan del Brexit, que incluía acuerdos con los laboristas ante la posibilidad de un segundo referéndum, hizo
finalmente comprender a May que su batalla estaba perdida, pues no contaba con seguidores que la respaldaran, se había quedado sola.

May hizo efectivo su abandono del liderazgo del Partido Conservador el pasado 7 de junio. A partir de ese momento, comienza la primera fase de un proceso de sustitución que se ha
prolongado buena parte del mes de julio y en el que partían con más posibilidades de éxito el exministro para el Brexit Dominic Raab o el exalcalde de Londres Boris Johnson, ambos
escépticos ante la situación generada con el Brexit, por lo que en estos días ambos han presentado ante sus militantes conservadores un discurso de dureza frente a Bruselas.

Los tres intentos fallidos de May por sacar adelante su plan del Brexit en el Parlamento han demostrado la dificultad de forjar una mayoría conservadora. Los euroescépticos forman un
bloque muy potente, con unos 80 a 100 diputados de los 313 que tienen los conservadores.

Los candidatos a liderar el Partido Conservador saben que su principal reto es neutralizar la emergencia del Partido del Brexit, de Nigel Farage, que ha atraído con su discurso radical y
antieuropeo a muchos votantes tradicionales. Farage, ha instado a Boris Johnson a cumplir su promesa de materializar el divorcio entre Reino Unido y la UE el próximo 31 de octubre, con o
sin acuerdo, una vez que se han conocido los resultados de las primarias del Partido Conservador. “hacerlo o morir” han sido sus palabras. Johnson se erige el 23 de Julio en el sucesor de Theresa May después de que el partido conservador lo votara mayoritariamente en sus elecciones primarias. En su primer discurso el recién estrenado primer ministro ha prometido un nuevo y mejor acuerdo con la UE que garantice la salida del Reino Unido a través de un pacto satisfactorio con Bruselas.

Hasta el momento, no se ha logrado renegociar el tratado firmado en 2018 , principal motivo de la dimisión de May. Johnson quiere cumplir con la voluntad del pueblo, que en su opinión y la de sus votantes quiere que el Reino Unido esté fuera de la UE, tal y como se manifestó en el referéndum de 2016. La fecha prevista para la salida es el próximo 31 de octubre, “con o sin acuerdo”. Su postura es confiada, respecto a que la UE acepte volver a negociar el acuerdo de retirada.

El nuevo primer ministro tiene por delante tres meses para conseguir lo prometido, un acuerdo sobre el Brexit lo más cercano posible a las posturas divergentes de la opinión pública
conservadora, y al mismo tiempo, evitar un “no deal”(no acuerdo) que tendría consecuencias devastadoras alterando los mercados financieros y provocando la tan temida recesión.

La opinión pública británica está dividida en torno al Brexit. La dificultad de encontrar un acuerdo satisfactorio para marchar de la UE antes del 31 de octubre, puede traer consigo una
crisis institucional si Johnson carece de mayoría parlamentaria. El grado de dureza del Brexit puede hacer pensar en una recesión y esto es preocupante sobre todo por el mundo
empresarial. Otro asunto que está por determinar es la relación entre el Reino Unido y Estados Unidos, que se vislumbra por algunos sectores como muy dependiente lejos de la posición
intermedia que Johnson proclama.

El nuevo primer ministro además ha prometido muchas reformas millonarias, muchos gastos que aumentarán la deuda y que de momento no está claro cómo se financiarán. A eso unimos
que la libra ha perdido valor desde el referéndum del 2016 que decidió el Brexit y que la amenaza de un retroceso económico , especialmente si la salida de la UE se realiza sin acuerdo, es muy real.

El Acuerdo de Retirada contempla un período transitorio hasta el 31 de diciembre de 2020, durante el que se seguirá aplicando la legislación comunitaria en el Reino Unido en relación al mercado interior, unión aduanera y las políticas comunitarias, esto tendrá implicaciones para empresas y resto de operadores, máxime si las condiciones del acuerdo no estuvieran vigentes en el momento de la salida. Entonces Reino Unido se convertiría en un tercer país que nada tiene que ver con la Unión Europea. Con la salida del Reino Unido el PIB español se resentirá entre 0,5 y 0,9 puntos porcentuales, lo que impactará de lleno en los autónomos y las microempresas. Se prevén cambios en los aranceles, en el IVA y en las bases regulatorias.

En el momento que se produzca el Brexit, todos los movimientos de mercancías dejarán de ser operaciones intracomunitarias y serán exportaciones e importaciones. Al pasar la aduana, se
devengarán derechos arancelarios y otras tasas. A efectos de IVA, las exportaciones de empresas españolas irán exentas de dicho impuesto y las importaciones a nuestro país devengarán el IVA en la Aduana. Asimismo, el modelo 349 referente a operaciones intracomunitarias dejará de presentarse. En definitiva se dejarán de aplicar las normativas comunitarias vigentes hasta ese momento. Los costes logísticos también se verán afectados al aumentar los trámites aduaneros.

Uno de los sectores a los que más perjudicará la salida del Reino Unido de la Unión Europea será el del comercio electrónico. Se trata de uno de los países con mayor volumen de compras online del continente europeo. Sin embargo, con el Brexit esto podría cambiar sustancialmente.

En definitiva, cambios de gran importancia para las empresas y emprendedores que establezcan vínculos comerciales con este mercado. Opiniones de diversos sectores económicos establecen que la libra esterlina se verá seriamente afectada ante la salida de la Unión Europea del Reino Unido, que llevan a pensar que las inversiones en el comercio digital hacia el país galo deben ser miradas con lupa pues pueden verse seriamente dañadas.

Todas estas incógnitas se irán desvelando en los próximos días, nos quedan tres meses para ver si los resultados anunciados serán los que finalmente se produzcan.

 

Autora: Francisca Castro Yepez