En nuestra experiencia de talleres de emprendimiento en estos últimos 5 años, hemos trabajado con muchas emprendedoras dedicadas al sector textil y de la moda (aquí no entran las modistas que hacen trajes a medida, de flamenca o de celebración, cuya tipología es diferente, sino las que producen prendas o complementos para tiendas o para venta directa. Una manera de distinguirlas es que las modistas no compran el género).

En general se trata de mujeres con dos perfiles: jóvenes recién incorporadas al mercado, con intención de convertirse en diseñadoras de moda profesionales, o personas mayores de 30 años, con oficio o habilidades en el mundo de la costura o de los complementos, que necesitan ingresos familiares a cualquier coste.

En ambos casos hay una característica común: siempre hay algo por encima de la rentabilidad del negocio. En el primer caso está la vocación de convertirse en diseñadora, y en el segundo la necesidad de obtener ingresos urgentes. Y esto es un problema. Bueno, un problemón.

¿Por qué?

Porque la primera fase de lanzamiento del proyecto suele ser dulce: la emprendedora baja el precio de su oferta (“total, el mayor coste son las horas de trabajo y haré un esfuerzo”). Con este periodo viene la excitación de las primeras ventas, que hace olvidar este esfuerzo.

El problema viene luego, porque se hace imposible subir el precio, y además generalmente la emprendedora no había hecho bien los cálculos iniciales de coste (creednos que olvidan impuestos, el alta de autónomo y costes indirectos como distribución y teléfono).

Al poco tiempo estas grandes trabajadoras se acaban convirtiendo en esclavas de su trabajo: jornadas inacabables, presión desmedida de los clientes y bloqueo empresarial (hablaremos de esto muy pronto en otro post).

… Y es entonces cuando vienen a los talleres, a ver qué pueden hacer o que están haciendo mal.

¿Cómo salir del atolladero? Es la pregunta con la que tenemos que lidiar. Ahí va la estrategia de salida, aunque adelantamos que no es fácil.

1.- La emprendedora ha de ser consciente de sus costes y de que está en pérdidas; por lo que no es una cuestión de vender más, sino de que cuanto más venda más pierde.

2.- No se trate de hacer mejor lo que se hace, hay que cambiar lo que se hace, y para esto es necesario un poco de sangre fría (aquí sería deseable un poco de acompañamiento pero esto es caro).

Hace falta parar un poco, formarse e invertir. ¿Difícil, verdad? Y más cuando se necesitan ingresos.

3.- El cambio hacia una posición sostenible pasa por estos elementos, de más a menos importante:

  • Controlar los números del negocio. Esto es imprescindible, la titular ha de saber al final de cada mes si gana o pierde. Por cierto, la hora de trabajo no debe tener un coste menor a 5 euros la hora. Aquí la formación es clave.
  • Vender menos pero con margen. La cuestión para este tipo de empresarias debe ser vender cosas de valor, no vender mucho de algo estándar.
  • Internet puede ayudar (un blog y redes sociales, tiendas en portales gratis de venta como Etsy o Dawanda). También alianzas con bloggers de moda.
  • Hacer talleres de demostración de técnicas (aportan ingresos y clientes). También se puede pasar un buen rato.
  • Hacer buenas fotos. Imprescindible. Para vender moda hacen falta fotos, que la apariencia del producto sea igual de buena que el mismo producto. Hay que seleccionar espacios, modelos, looks, etc. Un curso de fotografía siempre viene bien.
  • Eventos. Participar y crear eventos es básico para estar en el candelabro y que las clientas nos tengan en cuenta. Si es posible presenta colecciones al menos dos veces al año.
  • Diseñar una buena marca que consiga fidelizar al clientes (el diseño profesional no es caro y es una gran ayuda).
  • La venta directa puede ayudar (sobre todo si mejora un poco la economía y vuelve la venta por impulsos). Mercadillos, tiendas temporales, reuniones de presentación-ventas, etc.
  • La contratación de partidas en el extranjero. Si existen producciones seriadas, producir una parte fuera, con menores costes, puede bajar los costes que tenemos.

En fin, el arte está en saber combinar estas propuestas e ir poniéndolas en marcha sin prisa pero sin pausa, no está de más hacerse un pequeño plan básico.

Por último queremos hacer un reconocimiento a estas mujeres porque son las olvidadas de muchos programas de emprendimiento y autoempleo. Son grandes trabajadoras y se enfrentan a importantes dificultades para sacar adelante sus pequeños negocios.

¿Conoces casos como éste? ¿Estás de acuerdo o tu experiencia es distinta? Esperamos tus comentarios y anécdotas. No olvides explorar la plataforma del programa CRECE: http://www.crececon.andaluciaemprende.es