Asumir el riesgo derivado de poner en marcha un negocio es el gran reto al que el emprendedor se tiene que enfrentar, el miedo al fracaso asusta y a veces paraliza. El fracaso se debe de entender como un trampolín para acometer nuevos proyectos con el aprendizaje adquirido. Pero no siempre se fracasa, se trata de emprender con cabeza evitando riesgos innecesarios.  Los recursos necesarios para afrontar la inversión inicial no están al alcance de todos los emprendedores, si a eso le unimos que las condiciones de los créditos cada día son más inaccesibles, concluimos que para emprender es aconsejable hacerlo en negocios que no requieran grandes inversiones iniciales, haciendo uso de los recursos propios disponibles y evitando el apalancamiento externo de bancos y otras entidades de crédito.

En este sentido es interesante resaltar la figura del Business Angels, una figura que toma sus propias decisiones de inversión y que aporta su propio dinero, y en ocasiones su tiempo, a empresas desconocidas promovidas por personas que le son ajenas. Aunque invierte en cualquier etapa del desarrollo, el Business Angel desempeña un papel fundamental en la creación de empresas innovadoras al apoyar a los emprendedores en las fases iniciales del ciclo de vida de sus empresas. Empresas de tanto éxito como The Body Shop, Amazon, Skype, Starbucks o Google contaron en sus inicios con el apoyo de un Business Angel.

Si se trata de empresas que ya están funcionando, pero pretenden abrir nuevas líneas de negocios, se aconseja que lo hagan de manera que el nuevo proyecto no suponga un riesgo excesivo para el negocio actual, pues en caso contrario, si lo compromete o hipoteca, podría ser el final del nuevo y del inicial.

Aunque no hay un abc del emprendimiento seguro, hemos extraído opiniones de expertos sobre pautas de actuación para acometer proyectos sin correr riesgos innecesarios:

La externalización de servicios también conocida como outsourcing es una práctica que se está convirtiendo en habitual en las empresas. La especialización de las áreas y del mercado en el que se mueve hoy el mundo profesional hace que cada vez sea más importante contar con equipos bien formados y adaptados a los nuevos tiempos. Y eso, para las empresas, supone un sobrecoste difícil de asumir en muchos casos. Es en ese punto cuando se plantean dejar en manos de compañías especializadas cierto tipo de servicios, por ejemplo, la gestión del proyecto.

Los motivos principales por los que se externaliza un servicio o proceso de negocio son el ahorro de costes, la búsqueda de una mayor calidad en el servicio, la experiencia, la tecnología y la capacidad del personal de centrarse en actividades básicas.

Otra pauta recomendada es la de compartir riesgos, recursos o inversiones, para poder acceder a mercados a los que sería imposible llegar en solitario.

Estar muy pendiente de las necesidades de los clientes, pues lo importante de un negocio es el cliente y si él deriva hacia un lado la empresa tienes que hacer lo mismo, e incluso anticiparse, pues de lo contrario podemos perderlo. El cliente ahora más que nunca es el que manda, todo gira en torno a él. Las empresas que quieren ser relevantes en el mercado están implantando en el área de servicio al cliente el Customer Centricity, que no es otra cosa que  poner al cliente en el centro de nuestra estrategia de negocio, lo cual implica cambiar lo que se hace y cómo se hace en base a las necesidades de nuestros consumidores. Con esta idea se consigue aumentar de manera significativa la lealtad de los clientes. Hay que tener en cuenta que las necesidades de los clientes están en constante cambio, por lo que se deberá de estar pendiente e intentar anticiparse a los nuevos hábitos o gustos que el cliente puede desear, lo cual marcará finalmente una buena experiencia de cliente. En definitiva, los clientes son la fuerza dominante en el entorno actual. El nuevo consumidor quiere disponer del producto o servicio cuando quiera, como quiera y desde donde quiera.

La flexibilidad en los planes que se acometen también es importante, se trata de evitar los extremos, pivotando en función de los resultados obtenidos. Este concepto, muy de moda ahora, se refiere a que si al hacer una prueba con el producto o servicio, el resultado no es el esperado, se hace necesario cambiar la trayectoria justo cuando aparezca el primer “síntoma” reconduciendo el itinerario fijado inicialmente.

Con estos “consejos” el emprendimiento se lleva a cabo con alguna garantía adicional, pero sólo alguna. A modo de conclusión, señalar que para emprender hace falta un gran esfuerzo y dedicación. Es muy difícil desarrollar una empresa o startup de cierta envergadura, trabajando por cuenta ajena y dedicando ratos libres al nuevo proyecto. Lanzar una nueva empresa al mercado con un modelo de negocio innovador, además de implicar mucho tiempo del propio emprendedor, precisa de recursos económicos, formación y sobre todo una motivación que te ayude a superar los problemas que surjan que es seguro que surgirán. La resistencia a la frustración, podíamos llamarlo.

Autora: Francisca Castro Yepez