El marketing de género es un análisis sobre las necesidades y comportamientos que existen entre hombres y mujeres, cuyos roles han ido cambiando con el tiempo.

El marketing de género puede ser definido como la capacidad de análisis para entender el momento, la coyuntura y el contexto de hombres y mujeres, tomando en cuenta el punto de vista de cada género, para capitalizarse como beneficio de las marcas y negocios.

Este marketing utiliza los descubrimientos de la psicología y la neurociencia para extraer conclusiones sobre los hábitos de compra del consumidor a partir de sus diferentes necesidades, intereses y preferencias.

Antes de decidirse por la compra de un producto, todo el mundo atraviesa un determinado proceso de toma de decisión, que se puede subdividir en cinco fases:

  1. Reconocimiento de una necesidad
  2. Investigación del mercado para obtener una visión general
  3. Comparación de diferentes productos
  4. Selección de un producto
  5. Compra del producto

Una persona de género masculino sigue un proceso lineal durante el cual atraviesa cada fase una única vez, concentrándose a cada paso en el estado más actual de la cuestión y recorriéndolos de forma consecutiva. Su objetivo consiste en encontrar una buena solución a su “problema”, es decir, el producto adecuado a su necesidad.

Una mujer, en cambio, muestra un patrón en forma de espiral, en el cual puede recorrer cada fase del proceso de decisión varias veces. Su fin es encontrar no una buena solución, sino la mejor. Para ello se orienta por un catálogo de criterios muy detallado que puede modificar o desmontar en cualquier momento. Esto convierte a este proceso en uno más complejo y largo que en el caso de los hombres. El producto ha de convencer, en definitiva, en un contexto global.

El marketing de género tiene como objetivo principal incluir las necesidades propias de cada género en el desarrollo, la distribución y la comunicación de productos y servicios. Para ello utiliza siete instrumentos: política de productos, política de precios, política de distribución, política de comunicación, política de personal, política de procesos y política de instalaciones.

Los aspectos de producto, distribución, promoción y personal son especialmente relevantes para el marketing de género, ya que pueden adaptarse fácilmente a las diferentes necesidades y preferencias de unos y otras.

En conclusión, el marketing de género es un terreno peligroso si no se atiende a los intereses y necesidades de los hombres y las mujeres de forma precisa, pues en ese caso sería difícil llegar al éxito. Según diversos estudios, desarrollar una estrategia de marketing de género puede no merecer la pena en todos los sectores. Lo más sensato sería llevarla a cabo allí donde las diferencias entre los géneros con relación a un producto son muy claras.