Ya han finalizado los Mundiales de Atletismo de 2019. En esta ocasión se han celebrado en la ciudad de Doha, en Catar, entre el 27 de septiembre y el 6 de octubre, ya en otoño. Pero a pesar de que los días deben ser más cortos en esta época del año, y la temperatura debería ser más suave, los grados no bajan de los 40 durante el día, con un 85-90% de humedad. En resumen, condiciones imposibles para la práctica deportiva, y menos aún si hablamos de deportistas de élite que buscan mejorar sus marcas poniendo sus cuerpos al límite.

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Pero si la temperatura puede suponer un problema, en Catar no importa. Como la gran mayoría de las pruebas se realizan en un estadio, han colocado un sistema de refrigeración con más de 3.000 cañones de frío que mantiene la temperatura en torno a los 25-26º centígrados. Tanto para los atletas como para el público que va a verlos. El dinero no es problema en esa zona del planeta.

El inconveniente viene cuando las pruebas se realizan fuera del estadio. Disciplinas como la maratón o la marcha, se realizan por las calles de la ciudad. Y ahí no pueden poner aire acondicionado en todas las esquinas. Solución, las pruebas se realizan de madrugada, cuando la temperatura está cercana a los 30º. Aún así es insuficiente, la salud de los atletas se ve seriamente en peligro, corredores, marchadoras… lo van a dar todo, quieren ganar.

¿Qué han pensado?

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Un termómetro individual para controlar la temperatura de cada uno de los participantes, y poder avisarlos cuando la misma llegue a parámetros de peligro. Y es aquí donde aparece la tecnología, ya que han diseñado una capsula (un poco más grande que un omeprazol) capaz de medir la temperatura interna y enviar la información a un aparato que tiene los médicos para que todo quede monitorizado.

Cuando hace apenas unos años las películas de Ciencia ficción nos mostraban como se podía seguir el estado de un grupo de expedicionarios en el espacio desde la tierra, hoy vemos que ya es posible. El GPS, los relojes que cuentan pasos y ritmo cardiaco, capsulas que se tragan para medir nuestra temperatura interna, lo próximo pueden ser lentillas para ver lo que otros ven a distancia.

Millones de datos que habrá que saber gestionar. El Big Data está aún en pañales, casi todo está por explorar.

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Autor: Manuel Villar