La economía española sigue creciendo, un 2,5% en tasa anual, y aunque esto pueda parecer una buena noticia, que lo es, tiene sus matices.

La productividad del trabajo acumula ya dos trimestres consecutivos estancada (0,0%), así como la productividad por hora efectivamente trabajada, lo que viene a decirnos que el aumento del PIB va a depender de la creación de puestos de trabajo, así se establece una correlación peligrosa, si se estanca el empleo lo hará también la capacidad de crecimiento de la economía. Vamos a analizar las posibles causas de esta situación pero antes aclaremos que entendemos por productividad.

La productividad es una medida económica que calcula cuántos bienes y servicios se han producido por cada factor utilizado (trabajador, capital, tiempo, costes, etc) durante un periodo determinado.

El objetivo de la productividad es medir la eficiencia de producción por cada factor o recurso utilizado, entendiendo por eficiencia el hecho de obtener el mejor o máximo rendimiento utilizando un mínimo de recursos

Dicho esto, si hacemos una comparación con el resto de la zona euro, la economía española no sale muy bien parada. Mientras que en la media de la zona euro la productividad por ocupado se situó en 2017 en 66.520 euros en un año, en España apenas alcanza los 58.500 euros. Es decir, por debajo de los países con los que España compite en los mercados de bienes y servicios: Francia (77.792€), Alemania (66.310€) o, incluso, Italia, frecuentemente considerada una economía débil, pero que es bastante más productiva que la española (63.583€)

Las cifras del PIB, referentes al tercer trimestre del año, ponen de manifiesto las limitaciones de la economía española para modificar su composición sectorial, hacia otra  que genere mayor valor.

En este asunto tiene mucho que ver el tamaño de las empresas y vamos a explicar el por qué. En un estudio publicado por Funcas  se evidencia que el tamaño de las empresas es un factor fundamental para explicar el diferencial de productividad.

En primer lugar aclaramos que FUNCAS  es una institución de carácter privado, sin ánimo de lucro, creada y financiada por la CECA dentro de su Obra Social, para el desempeño de actividades que redunden en beneficio de la sociedad española, promuevan el ahorro y contribuyan a extender el conocimiento de las cajas de ahorros facilitando su servicio a la sociedad.

El tejido empresarial en España se caracteriza por una gran fragmentación, con una evidente prevalencia de pequeñas y microempresas y, en contrapartida, con un reducido número de empresas de gran tamaño. En parte, dicha distribución puede estar reflejando impedimentos para crecer o desventajas de ser grande, una cuestión para nada irrelevante cuando se ha demostrado que las empresas de mayor dimensión no solo tienden a ser más productivas sino también más propensas a exportar

Si comparamos, la productividad media de las empresas no financieras en Alemania es un 36% superior a la de las españolas, pero en el colectivo de empresas con diez o más trabajadores la diferencia se reduce al 13%. Esto se explica, principalmente, por la menor proporción de empresas medianas y grandes en España que en Alemania.

Sin embargo es poco probable que esto vaya a cambiar a corto plazo, pues está acreditada la existencia de normas reguladoras del mercado laboral y de la fiscalidad empresarial, que no animan  a ganar tamaño, ya que las empresas que superan una determinada dimensión, tanto en número de trabajadores como en facturación, sufren un aumento en las cargas administrativas y fiscales que, por el contrario, evitan si se mantienen con menor tamaño.

El patrón de crecimiento, es decir, la composición sectorial del PIB, es otro de los factores que influyen de forma relevante en la productividad. Y lo que ocurrió en los años de la recesión (2008-2013) en España es que el sector de la construcción y la industria sufrieron más que el sector de los servicios. Como resultado de ello, el peso del valor añadido bruto del sector servicios aumentó del 70% en 2008 al 76% en 2013.

Hay que tener en cuenta, sin embargo, y dado que los servicios tienden a mostrar un menor crecimiento de la productividad (es decir, la ratio del PIB sectorial de los servicios por trabajador crece relativamente menos), “un aumento del peso de los servicios contribuye a reducir la brecha entre el crecimiento del PIB y del empleo en el conjunto de la economía”. Es decir, crea más empleo, pero tiende a destruirse en periodos de bajo crecimiento o recesión, ya que es un sector más vulnerable a la caída de la demanda.

La comparación de los servicios con la industria es reveladora. El crecimiento acumulado de la ocupación entre el primer trimestre de 2014 (ya en la recuperación) y el mismo periodo de 2018 ha sido similar en ambos sectores (11,6% en la industria y 11,5% en los servicios), pero la evolución de su valor añadido bruto ha sido muy diferente: en el mismo periodo. Mientras que el sector de los servicios ha crecido un 10,6%, el sector industrial lo ha hecho en un 16,2%.

Por ello el resultado no es muy esperanzador. Desde el año 1995, la productividad de la economía española únicamente ha aumentado un 4%, muy lejos del 11% de la eurozona o del 12% que se ha registrado en Alemania, donde, además se ha conseguido prácticamente el pleno empleo, aunque esto también tiene sus matices que habría que analizar, pues no es oro todo lo que reluce, este empleo creado  muchas veces es muy precario.

Además del tamaño y la composición sectorial, hay otras causas que influyen en el estancamiento o caida de la productividad. Un reciente estudio de la economista Matilde Más establece que  la inversión en España se decanta  hacia la inversión en capital tangible (viviendas, construcciones, maquinaria) en lugar de hacia las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y otras formas de capital intangible, que integran el software, la investigación y el desarrollo o las actividades que contribuyen a aumentar el valor añadido de los bienes y servicios, como la publicidad, el diseño y la imagen de marca. Y, muy especialmente, la inversión que realizan las empresas en la formación de sus propios trabajadores y en introducir mejoras organizativas.

En este informe señala que, mientras en EEUU, Suecia y el Reino Unido la inversión en activos intangibles representa más del 12% del PIB, en España es aproximadamente la mitad (6%). En EEUU, la inversión en intangibles supera a la inversión en tangibles y en el Reino Unido se aproxima.

No obstante, y después de todo lo comentado, es necesario señalar que los problemas de productividad,  no son un asunto genuinamente español.

Los técnicos de la Comisión lo achacan a varios factores, como una ralentización de los procesos de innovación y difusión de las nuevas tecnologías, menor dinamismo empresarialenvejecimiento de la población y, probablemente, desajustes en las habilidades de los trabajadores en relación con las nuevas necesidades productivas.

Autora: Francisca Castro Yepez