Todos hemos conocido empresas que mientras han vivido sus fundadores han marchado muy bien, pero que una vez que estos faltan empiezan a tener problemas, llegando en muchos casos, incluso a su cierre. Muchas veces es debido a las malas relaciones o desavenencias que surgen entre los sucesores, que muchas veces olvidan el interés común por viejas rencillas o egoístas visiones, de ahí la suma importancia de prever con tiempo una adecuada regulación de la sucesión de la empresa familiar, que contribuya a garantizar su continuidad al dejarla en manos de las personas que se consideren mas capacitadas para su gestión y con mecanismos apropiados para la resolución de los posibles conflictos que puedan ir surgiendo entre los nuevos propietarios.

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El mecanismo idóneo para regular este relevo generacional en una sociedad de carácter familiar es la firma de un protocolo familiar, figura relativamente nueva en nuestro ordenamiento jurídico, pero muy extendida en países de nuestro entorno, especialmente anglosajones.

Ha sido el Real Decreto 171/2007, de 9 de febrero, publicado en el BOE núm. 65, de 16 de marzo de 2007, el que contiene una primera regulación de los protocolos familiares, y establece las normas para su publicidad.

Según el mencionado Real Decreto, artículo 2.1. del mismo, “se entiende por protocolo familiar aquel conjunto de pactos suscritos por lo socios entre sí o con terceros con los que guardan vínculos familiares que afectan a una sociedad no cotizada, en la que tengan un interés común en orden a lograr un modelo de comunicación y consenso en la toma de decisiones para regular las relaciones entre familia, propiedad y empresa que afectan a la entidad”.

El propio Real Decreto, como señala en su exposición de motivo, deja en manos de la autonomía negocial los aspectos subjetivo, objetivo y formal del protocolo, así como su contenido, que lo configura como pacto parasocial, sin más límites que los establecidos, con carácter general, en el ordenamiento civil y específico, en el societario.

Es necesario resaltar que su publicidad tiene carácter voluntario y que cada sociedad sólo podrá publicar un único protocolo, suscrito por sus socios, aunque puede ser objeto de diversas formas de publicidad.

Pese a esta posibilidad legal de autorregulación de la sucesión de una empresa familiar, son pocas aún las que han hecho uso de la misma, pese a su gran importancia para, manteniendo la propiedad de la empresa en la familia, favorecer su continuidad futura, así como, su buen funcionamiento a pesar de los posibles cambios generacionales que se produzcan.